miércoles, 8 de septiembre de 2010

El zinc en nuestro cuerpo

Nutriente indispensable en la dieta diaria que se considera como el segundo microelemento (mineral que se requiere en pequeñas cantidades) más abundante en nuestro organismo, sólo después del hierro. Se estima que un adulto posee de 2 a 3 gramos, los cuales se distribuyen principalmente en huesos, dientes, músculos, cabello, piel, glóbulos blancos y testículos.


El zinc (su nombre proviene del vocablo alemán zink, mismo que en castellano también puede escribirse cinc) es necesario para que el sistema inmunológico o de defensa trabaje apropiadamente y, por ello, es imprescindible en la prevención y alivio de diversas enfermedades, como infecciones respiratorias y alergias. Además, neutraliza elementos tóxicos como el cadmio, que ingresa al organismo al fumar o respirar humo de tabaco.
El zinc interviene en la creación y funcionamiento de aproximadamente 100 distintas enzimas o sustancias que forman parte de diversos procesos del organismo. Por ejemplo, ayuda a elaborar insulina (hormona que permite el aprovechamiento de los azúcares) y es indispensable en la fabricación de las moléculas empleadas para codificar información genética, es decir, ácidos ribonucleico (ARN) y desoxirribonucleico (ADN).
También se sabe que juega importante papel en la división y crecimiento de las células, de modo que es indispensable para el desarrollo infantil, cicatrización de heridas y regeneración de la piel.
Otras procesos en que este mineral interviene son el funcionamiento del olfato y gusto, movimiento muscular, equilibrio en los compuestos sanguíneos, funcionalidad de la próstata, desarrollo de los órganos reproductores, disminución de depósitos de colesterol en venas y arterias e, incluso, algunas investigaciones hablan de su participación en el trabajo neuronal y prevención de algunos tipos de cáncer.
Cabe señalar que el zinc es uno de los metales históricamente más aprovechados por la humanidad. En siglos pasados se empleó para elaborar aleaciones, monedas y espejos, mientras que en nuestros días se utiliza en el recubrimiento de piezas de acero para evitar que se oxiden (galvanizado), fabricación de artículos de latón, elaboración de componentes electrónicos y formulación de productos cosméticos y farmacéuticos.

Nutrición
Se ha comprobado que, a pesar de que es uno de los componentes más importantes de la dieta, gran parte de la población sufre carencia de zinc en algún grado. Ello se debe, principalmente, a que la mayoría de la gente lleva una dieta inadecuada y estilo de vida poco saludable.
Las principales fuentes de este mineral son la carne y vísceras de res, cerdo y cordero; pescados y mariscos; aves como pollo y pavo (sobre todo las piezas de color más obscuro, como pierna y muslo); leche y sus derivados; cereal integral y (o) enriquecido; huevo, frutos secos (pepitas de calabaza, almendras, cacahuate, nuez y avellanas), leguminosas (frijol, habas y chícharos), mostaza, levadura de cerveza, champiñones, papas con cáscara, perejil, cebolla y ajo.
Los requerimientos diarios varían según la edad, sexo y estado de salud de cada individuo, aunque en términos generales podemos decir que son del orden de los 3 a 5 miligramos (mg.) para bebés, 10 mg. para niños de 1 a 10 años, 15 mg. para mayores de 11 años, 20 mg. para mujeres embarazadas y 25 mg. para madres que amamantan.
Como referencia, sirva de ejemplo que la ingesta promedio recomendada (15 mg. al día) se puede obtener al consumir:
200 mililitros de leche, 80 gramos de queso fresco y 250 gramos de pollo.
250 gramos de carne, media taza de requesón o queso cottage y un huevo.
Media taza de germen de trigo tostado y 250 gramos de pescado.
Una porción de cereal para desayuno fortificado, 200 mililitros de leche y 250 gramos de pavo.
En este sentido, los especialistas en nutrición señalan que algunos grupos específicos de personas deberían incrementar su consumo de zinc:
Mujeres embarazadas, ya que tienen que proporcionar el nutriente al feto y a ellas mismas.
Gente con dieta vegetariana, pues además de que el zinc que se encuentra en frutas y verduras no es fácil de asimilar, la absorción de este mineral se realiza a través de un aminoácido, la cisterna, que se obtiene principalmente de la carne.
Pacientes que se recuperan de una operación, heridas o quemaduras, debido a que el organismo requiere de este nutriente para la regeneración de tejidos.
Deportistas de alto rendimiento o quienes viven en zonas calurosas, por la importante cantidad de minerales que puede perderse mediante el sudor.
Personas de la tercera edad, en función de que su sistema digestivo no absorbe los nutrientes con la misma facilidad.
Quienes presentan trastornos digestivos o emplean laxantes (estimulan el tránsito intestinal) y diuréticos (favorecen la emisión de orina), ya que sufren pérdida de nutrientes.
Es posible incorporar más zinc del que nos brindan los alimentos a través suplementos; en dado caso, se recomienda que su consumo sea supervisado por un profesional médico (nutriólogo, geriatra, médico general), pues aunque su uso es seguro, en exceso pueden causar diarrea, dolor abdominal y vómito. Asimismo, es importante erradicar el consumo de alcohol y tabaco, pues dichos estimulantes favorecen la eliminación del nutriente.
El déficit de zinc puede ocasionar problemas en el crecimiento infantil, madurez sexual más lenta durante la pubertad, problemas de erección y próstata en adultos, irregularidades menstruales en la mujer, pérdida de gusto y de la agudeza olfativa, cicatrización inadecuada, falta de apetito, pérdida del cabello, caspa, piel de aspecto maltratado, infecciones respiratorias frecuentes, manchas blancas en las uñas, bajo desempeño mental, partos anormales y malformación del bebé dentro del útero.
En contraparte, el exceso de este mineral se ha asociado con bajos niveles de cobre (fundamental en el desarrollo y mantenimiento de huesos, tendones, tejido conectivo y sistema vascular) y alteraciones en sistema inmunológico, niveles de colesterol bueno y función del hierro (necesario en la elaboración de glóbulos rojos).


Belleza
El zinc es un nutriente de gran valor para la salud de la piel. Participa junto a la vitamina A en la regeneración del tejido cutáneo, además de que desempeña importante papel en la elaboración de elastina y colágeno, que son proteínas que se encargan de proporcionar elasticidad y firmeza.
Algunos expertos coinciden en señalar que una alimentación rica en zinc es favorable en caso de padecer caspa, acné y ciertos tipos de calvicie (alopecia areata, en que hay pérdida total de cabello en zonas circulares bien delimitadas), además de que mejora los síntomas de psoriasis (inflamación, enrojecimiento y comezón, que hace que la piel luzca con escamas gruesas, secas y plateadas) y eccema (problema alérgico en que se presentan escamas y granitos que supuran líquido).
Por otra parte, compuestos como el estereato y piritionato de zinc (omadina), en combinación con otros agentes, son empleados en la fabricación de shampoos anticaspa, ya que ayudan a limpiar la superficie del cuero cabelludo e inhiben la proliferación del hongo asociado con este problema (Pityrosporum ovale o Malassezia furfur).
Otro agente activo utilizado en productos para el cuidado personal es el óxido de zinc, mismo que previene daños a nuestra epidermis y acelera el alivio de pequeñas heridas e inflamaciones debido a que tiene la capacidad de adherirse a la superficie cutánea y formar fina capa o película protectora que la aísla de factores externos. Además, tiene la capacidad de neutralizar olores desagradables.
Por ello, se emplea con frecuencia en la elaboración de ungüentos que protegen la piel del bebé, talcos para pies, desodorantes axilares y corporales, así como filtro solar y pomadas para atender heridas leves y picaduras. También se ha explotado su potencial en salud bucal, ya que forma parte de cementos útiles en la reparación de piezas dentales, además de que puede echarse mano de él en la eliminación de arrugas a través de microdermoabrasión, un sistema que erradica los surcos poco profundos mediante el “pulimiento” de la piel.

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